Hacía tiempo que no volvía a los textos antiguos, siempre
tan interesantes para comprender el pasado de Roncesvalles y la evolución de
sus maltratados edificios.
Vamos a comentar alguna cosilla de “la cueva”. Este nombre da HUARTE, en su “Silva de
Fidelidad”, a la cripta del SILO DE CARLOMAGNO.
Narra que “hay una gran carnario, silo, cueva, que llaman
tumba de franceses, porque en ella fueron enterrados los cristianos franceses
que murieron en la rota que Carlomagno tuvo en Roncesvalles, Don Roldan y otros
muchos fuertes caballeros que en común se conocen como 12 pares” La fecha que
señala para la batalla es 809. Ah!, ya sabes sombra lectora que, en muchas
ocasiones, se ha dudado de esa fecha del 15 de agosto del 778, incluso si hubo
una o más batallas que después hemos conocido como una única batalla de
Roncesvalles.
Volvamos a la cueva, dice que está vacía pero que estuvo
llena de “guessos” de notable grandeza, que se han ido llevando los peregrinos
franceses, alemanes y otros ultramontanos, como reliquias. Se acabó de vaciar
en 1560, cuando se hizo la entrega de la reina Isabel de la paz, en el mismo
Roncesvalles por Francia a España y muchos franceses que acudieron a aquel acto
acabaron de vaciarla”.
En el claustrillo hay grandes arcas de piedras, muy grandes
sepulturas de aquellos tiempos, desgastadas y desmoronadas por la vejez, como
en el claustro hundido, la iglesia, fuera de ella y en el camino de romeage.”
Cuando se escribe esto, en 1616, la tumba del rey Sancho el
Fuerte aún está en la iglesia, pero dice que está tan maltratada que ni parece
de rey ni de nada.
Ahora viene lo mejor,
una bonita descripción de las antiguas tumbas del claustro. En ese año
se está rehaciendo la parte hundida del claustro con fuertes arcos, (las
arcadas que dan al patio) y las antiguas tumbas se van tapando y condenando
(los arcos que ahora vemos de esas antiguas tumbas estuvieron tapiados hasta
1935 más o menos):
“Ellas estaban con sus arcos muy bien trazadas, muy hondas y
dentro labrados en sillería como aposentillos estrechos con barras de hierro
sobre las cuales quedaban los cuerpos sin tocar tierra ni otra cosa y cuando se
deshacía la carne, los huesos caían abajo. De esta manera estaban llenas hasta
arriba casi. Estas estaban en las paredes del claustro viejo y las que estaban
en el suelo eran de la misma forma…….es tradición que casi todas las casa
fuertes de ambas Navarra tenían sus sepulturas en Roncesvalles”.



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